Con una cruz, muchas ganas de compartir su fe y el corazón dispuesto a servir, cerca de 30 jóvenes de las Juventudes Agustino Recoletas de Lábrea, en la Amazonía brasileña, se prepararon para vivir un noviembre diferente: cuatro fines de semana llevando el Evangelio a las familias y comunidades de la prelatura.
¿Qué pasa cuando un grupo de jóvenes decide salir de su rutina para compartir su fe con los demás? En la Prelatura de Lábrea, en plena Amazonía brasileña, la respuesta tiene nombre propio: ¡misión!
Las Juventudes Agustino Recoletas han decidido sumarse al Año Misionero Agustino Recoleto 2026 de una manera muy especial: saliendo al encuentro de las personas, visitando a las familias y compartiendo la alegría del Evangelio con quienes más necesitan una palabra de esperanza.
Y detrás de esta iniciativa hay mucho entusiasmo, preparación y ganas de hacer realidad el lema que está moviendo a toda la Familia Agustino Recoleta: “Anunciad a Cristo donde podáis”.
Fray Sergio Pérez, Asesor JAR en la Prelatura de Lábrea, nos cuenta cómo nació esta experiencia y cómo los jóvenes se están preparando para convertirse en auténticos protagonistas de la misión.
Antes de salir, hay que preparar el corazón
Ser misionero no consiste simplemente en tocar puertas y hablar de Jesús. También significa saber escuchar, acompañar, rezar con los demás y, sobre todo, dejarse encontrar primero por Dios.
Con esta idea, las JAR de Lábrea participaron en una jornada de formación misionera en el Centro Esperanza, el espacio donde habitualmente se reúnen cada fin de semana.
Unos 25 jóvenes compartieron una mañana de aprendizaje, oración y reflexión, preparándose para la experiencia que vivirán durante noviembre, en la que participarán alrededor de 30 integrantes del movimiento.
Fray Sergio explica que el objetivo era ofrecerles herramientas sencillas pero fundamentales: aprender a acercarse a las personas, preparar un momento de oración y compartir la Palabra de Dios.
Pero hubo algo más. Los jóvenes también descubrieron la lectio divina, una forma de encontrarse con Dios a través de la lectura orante de la Biblia. Para algunos era su primera experiencia de este tipo.
Fue una oportunidad para detenerse, escuchar lo que Dios quiere decirles y descubrir que la espiritualidad agustiniana también se vive cuando dejamos que su Palabra transforme nuestro corazón.
La jornada tuvo como lema una frase que lo resume todo: “Heme aquí, envíame” (Is 6,8).
Es la respuesta del profeta Isaías a la llamada de Dios. Y ahora también es la respuesta de estos jóvenes que quieren poner su tiempo, sus talentos y su alegría al servicio de los demás.
Una cruz, una mochila y muchas ganas de compartir
El domingo 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, los jóvenes vivieron un momento especialmente significativo: su envío misionero.
Durante la celebración recibieron una cruz como signo de su compromiso de llevar a Cristo a las comunidades de la Prelatura de Lábrea.
Una cruz que no es simplemente un recuerdo, sino una invitación a salir, servir y dar testimonio de la fe.
¿Y qué harán durante la misión? A lo largo de los cuatro fines de semana de noviembre, los jóvenes recorrerán diferentes comunidades de la parroquia para visitar familias, acompañar a personas enfermas y acercarse a quienes, por distintas circunstancias, se han alejado de la Iglesia.
También buscarán encontrarse con otros jóvenes para invitarlos a participar en la comunidad cristiana y descubrir que hay un lugar para ellos en la Iglesia.
No llevarán respuestas para todo, pero sí algo muy importante: tiempo para escuchar, disposición para compartir y el deseo de transmitir la esperanza del Evangelio.
Fray Sergio destaca que esta misión cuenta también con el apoyo del obispo de la Prelatura de Lábrea, quien ha facilitado una carta de presentación para que los jóvenes puedan identificarse durante sus visitas a las comunidades.
Ser JAR también significa ser misionero
Hay algo que fray Sergio tiene muy claro: la misión forma parte de la identidad de las Juventudes Agustino Recoletas.
Ser JAR no es solamente participar en encuentros, convivencias o actividades con amigos. Es también descubrir que Jesús nos invita a salir de nosotros mismos para compartir con otros lo que hemos recibido.
Y eso es precisamente lo que quieren hacer los jóvenes de Lábrea.
En un territorio tan especial como la Amazonía, donde las comunidades viven realidades muy diversas, estos jóvenes quieren convertirse en instrumentos de cercanía, alegría y esperanza.
Su experiencia nos recuerda que para anunciar a Cristo no hacen falta grandes discursos ni proyectos complicados. A veces basta una visita, una conversación sincera, una oración compartida o el simple gesto de estar al lado de alguien que necesita compañía.
El Año Misionero Agustino Recoleto está invitando a toda nuestra familia a renovar el entusiasmo por la evangelización. Y las JAR de Lábrea han decidido responder con hechos.
Porque la misión no es solamente algo que hacen los religiosos o los sacerdotes. La misión también es cosa de jóvenes. Es cosa tuya, es cosa nuestra.
Y mientras estos 30 jóvenes se preparan para recorrer las comunidades de Lábrea, su testimonio nos deja una pregunta:
¿Y tú? ¿Dónde puedes anunciar a Cristo hoy?
Tal vez no tengas que viajar hasta la Amazonía. Quizá tu misión está mucho más cerca: en tu familia, en tu universidad, en tu grupo de amigos o junto a alguien que necesita sentirse acompañado.
Los jóvenes de Lábrea ya han dado su respuesta: ¡Heme aquí, envíame!
Ahora te toca a ti. ¿Cómo vives la misión en tu comunidad?

