Resumen: En la séptima catequesis sobre Gaudium et spes, el Papa explicó que la fe cristiana no debe enfrentarse a la cultura ni permanecer aislada de ella. Está llamada a entrar en el lenguaje, el arte, la ciencia, la educación y la vida cotidiana para transformar cada cultura desde dentro con la caridad y el servicio.
¿La fe y la cultura pertenecen a mundos distintos? ¿Para creer hay que desconfiar de la ciencia, el pensamiento, el arte o las distintas tradiciones humanas? En esta nueva catequesis sobre la constitución pastoral Gaudium et spes, el Papa respondió que no.
La Iglesia no está llamada a vivir de espaldas a la cultura ni a relacionarse con ella desde la hostilidad. La fe debe dialogar con el mundo real en el que viven las personas, comprender cómo piensan y sienten, y comunicar el Evangelio de una manera que pueda ser comprendida y acogida.
La Iglesia también crea cultura
La preocupación de la Iglesia por la cultura no es algo nuevo. A lo largo del tiempo ha unido la predicación del Evangelio a la creación de escuelas destinadas a promover la formación humana, cultural y espiritual de hombres y mujeres de todos los continentes.
El Papa recordó también que las universidades medievales nacieron dentro de la Iglesia y contribuyeron decisivamente al desarrollo de la civilización occidental. La educación no aparece, por tanto, como algo secundario a la misión cristiana, sino como un servicio al crecimiento integral de la persona.
Aprender más también puede fortalecer la fe
El progreso de la cultura y del conocimiento genera preguntas nuevas y cada vez más profundas. Estas cuestiones no deberían asustar al creyente, sino estimularlo a comprender mejor aquello en lo que cree y a ser capaz de dar razón de su fe.
Las distintas manifestaciones culturales nacen de la dimensión espiritual del ser humano. El arte, la poesía, el pensamiento y la ciencia pueden abrir la mente a las preguntas permanentes sobre el mundo y la existencia, preparando así un camino para acoger el Evangelio.
La Encarnación cambia la relación con la cultura
La relación entre la fe y la cultura tiene su fundamento principal en la Encarnación. La Palabra de Dios «se hizo carne y habitó entre nosotros»; por eso, la fe cristiana tampoco puede permanecer como una idea abstracta, separada de la vida y de la historia.
La fe es una realidad encarnada y se entreteje con la cultura en la que vive. Está llamada a llegar hasta las personas mediante palabras humanas, tradiciones, expresiones religiosas, arte, poesía, pensamiento y ciencia.
Cuando la fe se convierte en cultura
El Papa recuperó una afirmación de san Juan Pablo II: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida». La frase no significa que la fe deba convertirse en una moda o identificarse con una cultura concreta.
Significa que aquello que creemos debe entrar en nuestra manera de pensar, expresarnos, relacionarnos y construir la sociedad. Si la fe no toca la vida real, permanece incompleta en nuestra forma de acogerla, comprenderla y vivirla.
El Evangelio no pertenece a una sola cultura
La fe cristiana puede encarnarse en cualquier cultura porque no se identifica de manera exclusiva con ninguna de ellas. No pertenece a una sola raza, nación, época, costumbre o forma de vida.
La Iglesia puede entrar en comunión con distintas culturas y reconocer en ellas todo lo bueno, bello y verdadero. Al mismo tiempo, el Evangelio las transforma desde dentro según la forma de Jesucristo, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento de Dios como Padre.
Un encuentro que enriquece a todos
La relación entre la Iglesia y las culturas no tiene por qué destruir la identidad de ninguna de las dos. La Iglesia transmite el Evangelio dentro de cada cultura y, al mismo tiempo, también se enriquece mediante ese encuentro.
Las culturas pueden recibir una nueva luz desde el Evangelio sin perder todo aquello que poseen de verdadero y valioso. De este modo, la fe no actúa como una fuerza que borra las diferencias, sino como una presencia capaz de asumirlas y orientarlas hacia Cristo.
La cultura no debe ser un privilegio
La Iglesia promueve la cultura porque reconoce que es un bien en sí misma y un servicio a la persona. Por eso, Gaudium et spes pide a la comunidad internacional que garantice el acceso de todos a los bienes culturales fundamentales y que trabaje para superar el analfabetismo y la falta de educación.
El Concilio afirma también que las personas con capacidad para realizar estudios superiores deben recibir las condiciones necesarias para hacerlo realmente. El talento no debería quedar bloqueado por la falta de oportunidades.
La participación de las mujeres es necesaria
Gaudium et spes señala expresamente que todos deben procurar que se reconozca y promueva la participación propia y necesaria de las mujeres en la vida cultural. No se presenta como una concesión opcional, sino como una exigencia para el desarrollo de la cultura.
Una sociedad no puede construir una cultura plenamente humana mientras impide o dificulta que una parte de sus miembros aporte sus capacidades, conocimientos y perspectivas.
Creer no te permite dejar de estudiar
Los cristianos están llamados a buscar una unidad profunda entre los distintos campos del conocimiento. Aunque hayan recibido de la Revelación respuestas para las grandes preguntas de la existencia, eso no los libera de la necesidad de una formación intelectual y cultural paciente.
Los conocimientos humanos y científicos deben avanzar junto con la comprensión de la fe. A medida que una persona crece y progresa en sus estudios, también necesita profundizar en aquello que cree para no quedarse con una formación religiosa infantil o desconectada de su desarrollo intelectual.
La teología no puede encerrarse
El Concilio dirige una invitación especial a quienes se dedican a la teología. Les pide colaborar con especialistas de otros campos, compartiendo capacidades, preguntas y puntos de vista.
La investigación teológica debe seguir profundizando en la verdad revelada, pero sin perder el contacto con su propio tiempo. Solo así puede ayudar a quienes trabajan en las distintas ramas del saber a alcanzar una comprensión más profunda de la fe.
Ni hostilidad ni aceptación sin criterio
Gaudium et spes recomienda no vivir la fe desde la oposición o la hostilidad hacia el mundo, la cultura y sus expresiones humanas. Los cristianos deben vivir estrechamente unidos a las personas de su tiempo y esforzarse por comprender sus maneras de pensar y sentir.
Comprender no significa aceptar automáticamente cualquier expresión cultural. Significa escuchar, dialogar, reconocer lo bueno, bello y verdadero y comunicar el Evangelio dentro de la realidad concreta de cada persona.
Una fe creíble en el mundo real
Alcanzar una síntesis madura y responsable entre fe y cultura es necesario para perseverar en la vocación cristiana. También es indispensable para dar testimonio de la fe y comunicarla de forma creíble.
Una fe que no dialoga con las preguntas, los conocimientos y las expresiones de su tiempo corre el riesgo de convertirse en un discurso incomprensible. Una cultura que se cierra a las preguntas espirituales también puede perder una dimensión esencial de la experiencia humana.
El saludo a los peregrinos de lengua española
En su saludo a los peregrinos hispanohablantes, el Papa los animó a convertirse en promotores de la cultura en los distintos ámbitos de la vida y de la sociedad, partiendo de los valores del Evangelio.
Esta invitación resume la catequesis: el cristiano no está llamado solamente a consumir cultura, criticarla desde fuera o esconderse de ella. Está llamado a participar en su creación y desarrollo, llevando a ella la mirada del Evangelio.
La idea descomplicada
La fe no vive en una burbuja. Entra en tu forma de hablar, estudiar, pensar, crear, investigar y relacionarte con los demás. Si no toca esos espacios, todavía no ha llegado a ocupar toda tu vida.
Ser cristiano no significa enfrentarse a la ciencia, el arte o la cultura. Significa aprender, dialogar y reconocer todo lo bueno, bello y verdadero, sin perder la identidad del Evangelio.
No tienes que elegir entre pensar y creer. Necesitas formar tu inteligencia y profundizar tu fe para que ambas crezcan juntas y puedas comunicar aquello en lo que crees de una manera madura y creíble.


